América Latina atraviesa una ola de actividad sísmica. Expertos descartan un efecto dominó

2026-08-25 11:48:29 - MUNDO

La acumulación de temblores y terremotos en los últimos meses en América Latina desató especulaciones y nerviosismo en una región de gran actividad sísmica, con los temores de que cualquier movimiento de la tierra sea el comienzo de una nueva tragedia.

Cuando se cumplían dos meses del doble terremoto en Venezuela que dejó más de 6.000 muertos, el suelo tembló en Costa Rica durante la madrugada del lunes. En el medio, hubo un sismo de magnitud 7,3 a mediados de julio en Chiapas, México; uno devastador en Colombia de 7,4, el más fuerte en la última década en el país; y uno de 7,2 en Perú.

"Tenemos un registro de más eventos, como que hay una seguidilla, una mayor percepción", dijo a CNN Andrés Richard, doctor en ciencias geológicas e investigador del Conicet (Argentina). "La Tierra es un sistema dinámico que todo el tiempo está en movimiento. En ciertos límites particulares hay acumulaciones de esfuerzos que cuando superan la resistencia de la roca generan estos sismos. Por las distancias y distintos contextos tectónicos, no podemos establecer una conexión directa" entre ellos, explicó.

Cerca del 90 % de los terremotos del planeta ocurren en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, que abarca desde Japón y Oceanía hasta varias zonas de América Latina (como los Andes y la costa oeste de México). De este lado del Cinturón hay varias placas tectónicas (como Nazca, Caribe y Sudamericana), por lo que la región está expuesta a sus movimientos y su interacción.

Un rescatista descansa afuera de un edificio colapsado en Pereira, tras el terremoto en Colombia, el 23 de agosto. - Esteban Vega La-Rotta/AFP via Getty Images

¿Si la Tierra tiembla en Colombia, el movimiento de la plataforma puede causar un temblor días después en Costa Rica? No es así como funciona, explicó Richard. Aunque un sismo potente puede quedar "dando vueltas hasta por varias semanas", no es que genere otro movimiento, más allá de las réplicas. "Para que haya una vinculación directa, tenemos que esperar una separación de minutos o segundos. Existen sismos que desencadenan otros, pero tienen que ser casi al instante, como pasó en Venezuela (en junio). Si pasan días o semanas entre un evento y otro, no hay una influencia directa", afirmó.

De todas formas existe una falsa sensación de "efecto dominó" que causa nerviosismo, en especial por los antecedentes de algunas regiones y las noticias que muestran la vulnerabilidad de las zonas sin construcciones resistentes adecuadas a las normas.

En 2010, hubo un ciclo muy fuerte que incluyó un terremoto de Puerto Príncipe en enero, aunque moderado en magnitud (7,0), fue devastador; en febrero, el terremoto de Maule en Chile, 8,8, uno de los más potentes registrados en la historia; y en abril, el terremoto de Mexicali, a lo largo de la península de Baja California. Pero corresponden a fallas independientes que acumulan tensión en paralelo y rompen por coincidencia en la misma época.

"En lugares donde históricamente ha habido eventos se genera una preocupación. Pero no es posible, a partir de vincular eventos aislados, determinar cuándo será el próximo o si algún lugar aumentó sus probabilidades en ese período, basándonos solamente en esos datos", aseguró el investigador.

Cada región, además de las correspondientes placas, también tiene sus particularidades.

"En Colombia interactúan principalmente las placas Nazca, Sudamérica y Caribe, mientras que en Venezuela es la interacción entre las placas Caribe y Sudamérica, donde predominan grandes sistemas de fallas y movimiento lateral o transcurrente", explicó a CNN Chile la geóloga Nicoletta Consuela Milú, académica del Departamento de Ingeniería de Minas de la Universidad de La Serena. Para el caso chileno, la principal fuente de terremotos es la subducción (cuando una placa colinda con otra y se mete por debajo) de Nazca bajo la Sudamericana, agregó.

Las diferencias de esos procesos también cambian el impacto. En Colombia, ocurre a mayor profundidad, lo que hizo que el terremoto de agosto se disperse en varios departamentos. En Venezuela, el epicentro en junio estuvo más cerca de la superficie y los efectos del sismo se concentraron principalmente en el estado La Guaira.

"Entre mayor tasa de movimiento de una placa en una región, mayor es la cantidad de esfuerzo que se concentra y potencialmente la magnitud y recurrencia", dijo Richard. "En Chile, cada 50 años sabemos que va a haber un gran terremoto. Hay registros históricos que dicen que podemos esperar ello. En otros casos, como la falla de San Andrés, se habla del 'big one', el gran terremoto que se espera para San Francisco, California", explicó.

Esos registros de la liberación gradual de tensión también son analizados desde la falta de actividad sísmica. "Allí aparecen los conceptos del silencio sísmico, cuando hay una tasa movimiento alta, pero no registramos sismicidad. Allí podemos que lugares donde se está acumulando energía y puede desencadenarse un gran terremoto", observó. Sin embargo, dijo que es necesaria la prudencia y evitar el alarmismo, ya que se trata de una herramienta que se combina con otras evidencias para el análisis. "Son lugares donde tenemos que presentar otra atención", comentó.

Por ello, no hay un sistema que permita con certeza y anticipación saber dónde y cuándo ocurrirá un nuevo terremoto, pero las alertas sirven para destacar la importancia de la prevención. "Las rocas tienen un límite como las personas", dijo Richard. "Cuando se someten a demasiado estrés, tienen que liberar esa energía".

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Fuente: cnn.com
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