Medio ambiente, extractivismo y Amazonía: qué se juega Brasil en la contienda entre Bolsonaro y Lula

2026-10-19 17:07:25 - MUNDO

"¿Si el bosque es destruido, cómo vamos a vivir?", alegan varias mujeres de la etnia yanomami en un video en el que expresan el temor ante un eventual resultado de las elecciones presidenciales en Brasil que revierta los tímidos avances ecológicos en la Amazonía o las ponga en un riesgo mayor, en medio de la crisis por los incendios forestales, la amenaza del fenómeno de El Niño y las presiones económicas.

La incertidumbre ha ido creciendo ante la cercanía de la segunda vuelta del 25 de octubre entre el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro y el mandatario de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva, dos candidatos con posturas antagonistas.

Analistas y activistas concuerdan en que esta elección, entre dos extremos, puede redefinir el futuro de la Amazonía. Los brasileños deberán escoger entre la continuidad de las políticas ambientales impulsadas por Lula o dar un previsible viraje con Bolsonaro, quien defiende que el medio ambiente es "un activo económico estratégico".

Las dudas se han ahondado dado que las comunidades de la Amazonía y críticos del aspirante de extrema derecha recuerdan las medidas tomadas durante el Gobierno del padre de Flávio, Jair Bolsonaro (2019-2022), en cuyo mandato se restó importancia al calentamiento global, se disparó la deforestación y se condenó la agenda impulsada por activistas y oenegés. No obstante, Lula tampoco está exento de cuestionamientos.

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"Brasil llega a la recta final de las elecciones con una contradicción muy evidente. Por un lado, ha conseguido reducir significativamente la deforestación amazónica en los últimos años. Por otro, enfrenta una nueva crisis de incendios forestales y fenómenos climáticos extremos", explica Natalie Unterstell, experta brasileña en políticas y negociaciones sobre cambio climático, a France 24 en Español.

Unterstell, que también fue jefa de Desarrollo Sostenible de la Presidencia y negociadora de Brasil en materia de clima y bosques ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, subraya que, tras una marcada ausencia de este asunto en la primera parte de la campaña presidencial, la disputa electoral y las confrontaciones políticas en el tema ambiental se han reavivado.

Combo de dos fotografías del mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva (d), y el senador Flávio Bolsonaro, quienes disputarán la Presidencia en una segunda vuelta electoral el próximo 25 de octubre.

El tema ha llegado al foco de la campaña particularmente en dos frentes: de un lado, la nueva emergencia por el fuego en la Amazonía y, del otro, los avances contra la deforestación que defiende el Gobierno de Lula.

Aliados de la familia Bolsonaro en el sureste del país, como el joven Nikolas Ferreira, legislador del estado de Minas Gerais, y el gobernador reelecto de São Paulo, Tarcísio de Freitas, apelaron a los incendios para arremeter contra el Gobierno de Lula. De Freitas afirmó que el gobernante Partido de los Trabajadores es un "hipócrita" y que "desapareció" mientras la Amazonía ardía.

En respuesta, Lula, sin aludir a las críticas, afirmó que el Gobierno federal estaba enviando recursos para apoyar los esfuerzos de combate al fuego.

"El medio ambiente ha vuelto al centro del debate electoral, pero como instrumento de confrontación política y no como una discusión seria sobre el futuro del país. Los incendios se utilizan para atacar al Gobierno (de Lula), mientras los avances contra la deforestación se presentan como prueba de que el problema está resuelto. Ninguna de esas lecturas es suficiente", advierte Unterstell.

Durante las dos primeras semanas de octubre se reportaron más de 1.600 incendios forestales en el estado brasileño de Amazonas, en el área conocida como Amazonía Legal, un aumento de 253% en comparación con el mismo periodo del año pasado, según datos del sistema de vigilancia para esa zona del país.

De acuerdo con datos oficiales, los focos de incendio en todo el bioma, que este año se habían mantenido cerca de mínimos históricos, se triplicaron desde el 4 de octubre, día en el que los brasileños votaron en la primera vuelta presidencial.

otografía tomada durante un sobrevuelo por la selva amazónica que muestra una zona afectada tras incendios forestales el 15 de octubre, en Autazes en el estado de Amazonas (Brasil).

"El indicio es que ha habido un esfuerzo premeditado" para iniciar los incendios, ha denunciado en varias ocasiones el ministro de Medio Ambiente, João Paulo Capobianco, quien advirtió que darán con los responsables.

En la otra orilla, el Gobierno de Lula ha defendido los avances contra la deforestación en la Amazonía, que, según datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) publicados el 16 de octubre, cayó al nivel más bajo en sus respectivas series históricas entre agosto de 2025 y julio de 2026.

El Gobierno de Brasil resaltó que se trata del nivel de deforestación anual más bajo desde que comenzaron los registros, en 1988.

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A pesar de que no se priorizó en la campaña, los dos aspirantes al balotaje han sugerido su perfil sobre la gestión ambiental y de la Amazonía: Lula apunta a mantener la política de conservación -aunque no renuncia a la extracción petrolera-; mientras que Flávio Bolsonaro aparece como una figura que podría revertir algunas de las acciones actuales, como el control estricto y fiscalización de la deforestación.

Fotografía aérea de archivo del 7 de noviembre de 2024 que muestra el río Tapajós, en la Amazonía brasileña (Brasil). La deforestación en la Amazonía brasileña cayó un 41,8 % entre agosto de 2025 y julio de 2026 y alcanzó el menor nivel registrado desde que comenzó a realizarse la medición en 1988, informó el viernes 16 de octubre el Gobierno.

Como prioridad ambiental, Lula da Silva ha abanderado una campaña contra la tala de bosques y la demarcación de las tierras indígenas. La meta del actual mandatario ha sido la deforestación neta cero para 2030, con la mira en que la pérdida de bosques, legal o ilegal, tenga que compensarse mediante restauración.

No obstante, analistas creen que esas políticas de protección, de resultar reelegido el 25 de octubre, podrían tener grandes desafíos en el Congreso, en donde la derecha de los Bolsonaro cobró fuerza y el agronegocio tiene una gran influencia entre los conservadores. 

Pero, de otro lado, Lula ha sido criticado por impulsar la exploración petrolera en la Amazonía y frente a sus costas, algo que el mandatario ha defendido con el argumento de que Brasil necesita los recursos de los hidrocarburos justamente para financiar la transición hacia un mundo sin combustibles fósiles.

"Brasil puede reducir la deforestación, pero si continúa apostando por expandir la producción de petróleo y gas, estará contribuyendo a agravar el problema climático que amenaza a la propia Amazonía. La política ambiental no puede limitarse al control de la tala mientras la política energética sigue avanzando en la dirección contraria", lamenta Unterstell.

Archivo. En noviembre de 2025, el líder indígena Jefe Raoni Metuktire, símbolo mundial de la defensa de la Amazonía y los derechos indígenas, realizo, desde la ciudad brasileña de Belém, un llamado para impedir la explotación de petróleo en cercanías de la desembocadura del río Amazonas, en el marco de la cumbre climática de la ONU, la COP30.

En la misma línea, la politóloga Suely Araujo, de la red de oenegés Observatorio del Clima, sostiene que "lo ideal sería que la Amazonía fuera declarada una zona libre de explotación de combustibles fósiles, tanto de petróleo como de gas". O, "por lo menos, tenemos que luchar para que no se abran nuevas fronteras con ese fin", criticó en agosto pasado. 

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Sin dar detalles, Flávio Bolsonaro dice que frenará la deforestación ilegal para 2029, un año antes del objetivo planteado por Lula. El senador de derecha no ha explicado puntualmente lo que propone para la Amazonía, pero asegura que promovería la conservación.

"Flávio Bolsonaro es un defensor del medio ambiente y de quienes preservan los bosques en pie y los ríos limpios", afirmó su equipo de campaña en un comunicado enviado a la agencia AP, en el que garantizó que en un eventual gobierno crearía incentivos económicos para la protección y la restauración.

Pero, para expertos, el hecho de que Bolsonaro resalte la condición de "ilegal" en su propuesta contra la deforestación abre una puerta para ampliar las zonas donde está permitida.

Archivo. Flavio Bolsonaro (der.), hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, le da un beso a su padre durante un acto del candidato para la Alcaldía de Río Alexandre Ramagem (fuera de cuadro), en el barrio de Tijuca, en Rio de Janeiro (Brasil), el 18 de julio de 2024.

"Dado su largo historial de promover protecciones ambientales más débiles, existe la preocupación de que actividades que hoy se consideran ilegales simplemente puedan legalizarse y dejen de estar sujetas a fiscalización", advierte Taciana Stec, especialista en política climática del centro de análisis Talanoa, en declaraciones a AP.

Estas dudas han sido vinculadas con los antecedentes de gestión medioambiental del Gobierno de Jair Bolsonaro, el padre de Flávio y considerado un negacionista de la crisis climática. Durante su mandato (2019 a 2022), por ejemplo, la deforestación en la Amazonía repuntó cerca de un 60%. Según datos oficiales, en ese periodo unos 45.000 kilómetros cuadrados fueron talados.

"Durante el gobierno de Jair Bolsonaro, aumentó la deforestación, se debilitaron mecanismos de fiscalización y no se demarcó ninguna nueva tierra indígena. La invasión de territorios por actividades mineras ilegales contribuyó a la crisis humanitaria del pueblo yanomami. No estamos hablando solamente de diferencias retóricas, sino de decisiones administrativas y sus consecuencias", afirma Unterstell.

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Y Flávio parece apuntar en la misma dirección: en una entrevista, el 28 de agosto pasado, en la cadena 'TV Globo', expresó escepticismo sobre el cambio climático y defendió las acciones del gobierno de su padre. 

"Son eventos cíclicos", sostuvo Bolsonaro al referirse a los eventos climáticos extremos, como las sequías o el calor extremo. "La mejor manera de abordar los problemas ambientales es lo que hicimos durante la Administración (de Jair) Bolsonaro: aprobar un marco de saneamiento básico", indicó. Y agregó que, en la Amazonía, el "problema es más criminal que ambiental", al asegurar que bandas, como el Comando Vermelho, "están explotando oro en reservas indígenas".

"En el caso de Flávio Bolsonaro, tenemos razones para cuestionar hasta qué punto el compromiso expresado en su programa se traduciría en políticas concretas. La protección ambiental no ha sido una bandera central de su trayectoria política y su identificación con el legado del Gobierno de Jair Bolsonaro plantea interrogantes sobre la continuidad de las instituciones y políticas de protección forestal", advierte la experta brasileña.

Un bombero trabaja para contener un incendio en una zona verde el 5 de septiembre de 2024, en la ciudad de Manaos, Amazonas (Brasil).

Bajo este panorama, "el riesgo que enfrentamos es que Brasil podría alejarse de una agenda ambiental positiva hacia una postura más similar a la que ahora adopta Estados Unidos: una de negación del clima", coincide Márcio Astrini, director ejecutivo de la red ambientalista Observatorio del Clima, en entrevista con AP.

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En agosto, Flávio Bolsonaro hizo campaña en el Territorio Indígena Estacao Parecis, en Mato Grosso, y prometió mayor autonomía para las comunidades indígenas para decidir sobre el uso productivo de sus tierras, ya sea con agricultura o con explotación minera.

"Ellos decidirán qué ocurre en sus tierras", indicó Bolsonaro en el pódcast 'Market Makers'. "Si quieren cultivar o arrendar su territorio, serán libres de hacerlo. Si quieren autorizar la minería en sus tierras, también podrán hacerlo".

Pero, justamente, gran parte de las comunidades de la Amazonía ha resistido la presión de agricultores y de la minería ilegal de oro.

Unterstell considera que "mientras destruir la selva siga siendo socialmente tolerado y económicamente rentable para determinados sectores, cada elección podrá poner en riesgo los avances conseguidos".

A esa presión económica se suman ahora los efectos del calentamiento global. El país registró en 2023 una sequía histórica, con ríos en niveles extremadamente bajos, comunidades aisladas, mortandad de peces y graves consecuencias para millones de personas. "Fue una demostración muy concreta de lo que significa el cambio climático para una región que depende de sus ríos y de sus ciclos de lluvia", agrega la experta.

Los analistas ya han advertido que, en 2026, con el regreso de un temido fenómeno de El Niño, Brasil enfrentará condiciones extremas, incluidas la falta de lluvias y el aumento de incendios, que afectarán los ecosistemas, pero también el transporte, el acceso al agua, la alimentación y la salud de las comunidades.

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Con AP, EFE, AFP y medios locales

Fuente: france24.com
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